lunes, julio 14
LO QUE UNO DEBERÍA SABER A LOS 17.
Alguien debería decirnos algunas cosas, alguien debería hablarnos de sus errores, experiencias y amores. Por alguna razón los adultos piensan que a los 17 solamente podemos entender con regaños, pero a los 17 lo que pedimos es un consejo, uno de esos consejos con voz de anécdota.
Ojalá alguien me hubiera dicho que el amor duele pero que se supera. Ojalá alguien me hubiera dicho que solamente amaría perdidamente una vez, la primera vez. De haber sabido lo que ahora sé, habría amado más a mi primer amor, habría corrido más riesgos, y habría llorado menos al ver ese final.
Ojalá hubiera sabido a los 17 que las decisiones más importantes de la vida, no las tomamos nosotros, no importa cuanto nos preocupemos, la vida es quien en realidad toma las decisiones más drásticas, y lo hace de un segundo a otro, nos cambia el rumbo en un abrir y cerrar de ojos.
Ojalá me hubieran dicho que, al final, uno termina en donde tiene que estar, habría sufrido menos al ver que las cosas no salían como yo esperaba.
Y así podría enumerar un sin fin de cosas que me hubiera encantado saber a los 17, pero quizás de haberlo sabido hoy no estaría aquí...
martes, julio 8
Apenas me recuerdo, así.
Me leo y releo, y apenas puedo reconocerme.
Con el paso de los años vamos perdiendo magia, definitivamente crecer nos hace perder la esencia con la que nacemos, la vida nos va limando día a día la inocencia, el trabajo y las responsabilidades nos van nublando las ilusiones.
De esa mujercita que en el 2006 moría de amor ya no queda prácticamente nada. Esa niña prometedora se ha convertido en un adulto, uno de esos adultos que se dejó vencer ante la monotonía y el consumismo.
Tenías razón, amor de mi vida, todo cambia en un instante.
Con el paso de los años vamos perdiendo magia, definitivamente crecer nos hace perder la esencia con la que nacemos, la vida nos va limando día a día la inocencia, el trabajo y las responsabilidades nos van nublando las ilusiones.
De esa mujercita que en el 2006 moría de amor ya no queda prácticamente nada. Esa niña prometedora se ha convertido en un adulto, uno de esos adultos que se dejó vencer ante la monotonía y el consumismo.
Tenías razón, amor de mi vida, todo cambia en un instante.
Mera coincidencia.
Un día, por mera coincidencia, te encuentras en la bandeja de entrada de tu correo, la notificación de un comentario anónimo que alguien dejó en este blog.
Y entonces un link me redirecciona hasta este lugar, este mágico lugar en el que una versión de mí, pero mucho más joven escondía kilos de sentimientos.
¿Qué sigue?
¿Dejar de escribir en las servilletas ideas esporádicas?
¿Tratar de escribir de nuevo?
Pero ¿qué se escribe cuando uno ya no se logra enamorar de la misma forma en la que lo hacía hace tantos años?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)