Me leo y releo, y apenas puedo reconocerme.
Con el paso de los años vamos perdiendo magia, definitivamente crecer nos hace perder la esencia con la que nacemos, la vida nos va limando día a día la inocencia, el trabajo y las responsabilidades nos van nublando las ilusiones.
De esa mujercita que en el 2006 moría de amor ya no queda prácticamente nada. Esa niña prometedora se ha convertido en un adulto, uno de esos adultos que se dejó vencer ante la monotonía y el consumismo.
Tenías razón, amor de mi vida, todo cambia en un instante.
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